Ciencia: Universo de probabilidades, no certeza

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De la misma manera que un docente entiende la ciencia la transmitirá, y muchos todavía hoy ven el conocimiento científico como un conocimiento infalible, dejando de lado la idea de que todo lo que está “científicamente probado” merece atención y puede aportar Beneficios para la población. Aunque pueda parecer poco fiable, hay que subrayar que no debemos pensar en la ciencia como lista y acabada, como una religión nueva y dogmática, como el “dios del conocimiento” imperante en el nuevo milenio, sino la marca de la verdadera ciencia, de la ciencia de nuestro días, es incertidumbre. En el pasado, la ciencia nos hablaba de leyes eternas, hoy nos habla de la historia del Universo o de la materia y siempre propone nuevos desafíos que necesitan ser investigados. Este es el universo de probabilidades, no de certezas.

La ciencia actual no permanece estática como en el Renacimiento, sino en un proceso constante de ir y venir, de construir y reconstruir. En esta búsqueda incesante, la Ciencia tiene como principal objetivo intentar hacer inteligible el mundo y alcanzar un conocimiento sistemático del universo (Koche, 1982). Pero la forma en que los profesores trabajamos con los conceptos de las ciencias naturales en el aula apenas ha cambiado en las últimas décadas. La humanidad ha enfrentado muchas crisis existenciales y también ha concebido innumerables revoluciones sociales, las cuales no se han desviado de los rumbos que hemos tomado al abordar conceptos científicos. Con eso, hoy se percibe que las concepciones en ciencias se encuentran en medio de una crisis estructural, que comenzó ya en los trabajos de Einstein y Planck con la Física Cuántica (Capra, 2006).

Cuando un estudiante del siglo XXI memoriza un concepto y lo reproduce fielmente en las evaluaciones, recibe una aprobación inmediata, e incluso por méritos. Sin embargo, el sistema metodológico actual no permite valorar si este concepto reproducido fue realmente entendido en su esencia epistemológica, y ni siquiera es posible valorar si algún método actual utilizado por el docente podría hacerlo. El actual sistema de formación docente no es adecuado para la formación de profesionales que serán capaces de formar sujetos críticos, investigadores, capaces de indagar en su realidad y utilizar la información que reciben para modificarla, requisitos que se esperan en la actual conjetura social.

La práctica pedagógica en el aula, cuando se trata del conocimiento científico, no aparece en los estudiantes el efecto necesario, ya que su propio desinterés apunta hacia este camino. Esa sana curiosidad infantil sobre los misterios humanos, históricos y sociales, a menudo alimentada por las relaciones familiares y de amistad, pronto se funde en una maraña de fórmulas y conceptos matemáticos astronómicamente distantes de su realidad cuando da sus primeros pasos en una escuela regular. . Este niño descubre entonces que no será capaz de comprender la realidad, ya que esta es demasiado compleja para su intelecto, y su curiosidad pronto da paso a la apatía hacia lo que no comprende. Y esta llama natural, desafortunadamente, cuando se apaga, ya no se puede restaurar.

Referencias:
KOCHE, JC Fundamentos de la metodología científica. Porto Alegre: Universidad de Caxias do Sul, Vozes, 1982.
CAPRA, F.; La red de la vida. Cultrix y Amana-Key, São Paulo, 1996.