Cuenta

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EL cuenta es un texto narrativo breve centrado en un relato que hace referencia a un hecho o recuerdo. Su origen se remonta a la antigüedad, representado por las narrativas orales de los pueblos antiguos en las noches de luna, narradas de padres a hijos, como una forma de asegurar la transmisión de la cultura y, por ende, la supervivencia de la especie. A través de la identificación con los actos de los personajes, en torno a los cuales se organizan las narraciones, los oyentes se adhieren a ellos afectuosa, moral e intelectualmente.

En términos estructurales, el texto oral tradicional se organiza a partir de la voz de un locutor, que dirige su discurso a un auditorio, asumiendo simultáneamente los roles de autor, narrador y transmisor del discurso narrativo.

De la tradición oral surgieron todos los aspectos de las narrativas, pasando por la tradición de la Antigüedad Clásica, leyendas orientales, parábolas bíblicas, novelas medievales italianas, fábulas y cuentos de hadas, todos con un carácter moral intrínseco, materializado en la eterna batalla del bien contra el mal, pero no necesariamente blanda o moralizante.

Con el advenimiento del naturalismo, a finales del siglo XIX, las convenciones morales de las clases más pudientes comenzarían a ser, en cierto modo, impugnadas, aunque ellas mismas sufrieron algunas modificaciones. Durante este período, autores como el ruso Anton Tchekhov y el francés Guy de Maupassant llenaron sus cuentos de tipos amorales, que no siempre recibían castigo por las malas acciones perpetradas, y cuando lo recibían era solo por relaciones causales, sin idea de purificación. Aficionados a las doctrinas científicas, en boga en ese momento, los escritores naturalistas buscaban mostrar en sus obras que las acciones del ser humano no estaban guiadas por sistemas morales, sino únicamente por los designios de la naturaleza, a priori indiferente a cualquier tipo de moral.

A partir de ese período, también se produce la aparición de cuentos fantásticos dirigidos al público adulto, lo que sigue siendo un fenómeno curioso, ya que en los siglos anteriores el género fantástico se manifestó casi exclusivamente en la literatura infantil. En este sentido, destaca la obra del estadounidense Edgar Allan Poe, maestro de la narrativa sobrenatural y de misterio. Posteriormente, en el siglo XX, se observan las obras del checo Franz Kafka y del argentino Jorge Luís Borges, el primer especialista en desarrollar narrativas cuyos personajes enfrentan situaciones absurdas e insólitas, y el segundo adoptando un diálogo intertextual con tradición literaria universal. Otros autores también invertirían en los géneros policial y de ciencia ficción.

Los cuentos presentan, en general, pocos personajes, enfoque narrativo en 1ª o 3ª persona, y la presentación de una secuencia de hechos que constituyen la trama, que se presenta de forma condensada y sintética, centrada en un solo conflicto. Este atributo crea el efecto conocido como unidad de impresión, que orienta toda la narrativa, estimulando múltiples sentimientos en el lector, como admiración, asombro, miedo, desconcierto y sorpresa, entre otros.

Debido al carácter fragmentado, el cuento debe tener un efecto más directo en el lector que, por ejemplo, la novela o la novela, que son géneros narrativos más largos. Esta peculiaridad llevó a algunos escritores a afirmar su superioridad en relación con las narraciones más largas. Según Machado de Assis: “El tamaño no es lo que hace que este tipo de historia duela. Naturalmente, es la calidad; pero siempre hay una cualidad en las historias que las hace superiores a las grandes novelas, si ambas son mediocres: es ser corta”.

El argentino Júlio Cortázar, otro maestro de las narrativas cortas, sintetiza bien ese espíritu cuando afirma, en analogía con el boxeo, que “el romance siempre gana por puntos, mientras que la historia debe ganar por nocaut”.