Cultura

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Cultura es un término complejo y muy importante para las humanidades en general. Su etimología proviene del latín cultura, que significa “Acto de plantar y cultivar”. Gradualmente, también adquirió un sentido de cultivo del conocimiento. La noción moderna de cultura fue sintetizada por primera vez por el inglés Edward Tylor, conceptualizándola como un complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, leyes, costumbres o cualquier otra habilidad o hábito adquirido por una persona como miembro de una sociedad.

En este sentido, podemos decir que la cultura engloba formas de vida comunes y aprendidas, transmitidas por individuos y grupos de la sociedad. Además de un conjunto de prácticas artísticas, tradiciones o creencias religiosas, debemos entender la cultura como una dimensión de la vida cotidiana de una sociedad determinada.

Una característica de la cultura es que es inseparable de la realidad social. La cultura está presente siempre que los seres humanos se organizan en sociedad. La cultura es una construcción histórica y un producto colectivo de la vida humana. Esto significa que hablar de cultura implica necesariamente referirse a un proceso social concreto. Costumbres, tradiciones, eventos culturales y folclóricos como fiestas, bailes, cantos, leyendas, etc. solo tienen sentido como parte de una cultura específica; es decir, las manifestaciones culturales no pueden entenderse fuera de la realidad e historia de la sociedad a la que pertenecen.

Otra característica de la cultura es su aspecto dinámico. Por eso es más pertinente pensarlo como un proceso y no como algo estancado en el tiempo. Esto es evidente en el mundo globalizado, marcado por rápidos cambios tecnológicos, el contacto constante entre culturas y la difusión de patrones culturales por los medios de comunicación. Sin embargo, incluso cuando se habla de sociedades tradicionales, no significa que no cambien. Cada aspecto de una cultura determinada tiene su propia dinámica, ya que no hay sociedad humana que esté exenta de cambios con el tiempo y el contacto con otras culturas.

La cultura de una sociedad determinada se transmite de una generación a otra a través de la educación, las manifestaciones artísticas y otras formas de transmisión del conocimiento. El comportamiento de los individuos dependerá de este aprendizaje cultural. Por lo tanto, un niño y una niña actúan de manera diferente no por sus hormonas, sino por la educación diferenciada que reciben. Por eso también las formas de hablar, vestirse, comer, comportarse, etc. de un pueblo específico puede ser tan extraño a los ojos de otras personas. Lo que es repugnante para los individuos en una sociedad puede ser deseable en otra. Más aún: en una misma sociedad, lo impensable en el siglo pasado puede volverse común hoy y viceversa.

Las sociedades humanas han desarrollado históricamente diferentes formas de organizarse, de relacionarse internamente, con otros grupos sociales y con el medio ambiente. Las diferentes sociedades originarán necesariamente diferentes culturas, es decir, diferentes formas de ver el mundo y orientar la actividad social.

Por eso hay tantas diferencias culturales, aunque todas pertenecen a la misma especie humana. Las diferencias culturales no se pueden explicar en términos de diferencias geográficas o biológicas. En el pasado, las explicaciones basadas en el determinismo geográfico o genético han contribuido a reforzar el racismo y los prejuicios, además de servir de justificación para el dominio de unos pueblos sobre otros.

En el siglo XIX, algunos autores establecieron jerarquías entre todas las culturas humanas, defendiendo una escala evolutiva de una sola línea entre ellas. En esta concepción, todas las culturas tendrían que pasar por las mismas etapas, desde una etapa primitiva hasta las civilizaciones más evolucionadas que serían las naciones de Europa occidental. Esta visión etnocéntrica sirvió a los intereses de los países europeos para legitimar su expansionismo y colonización a partir de una supuesta superioridad cultural.

Tales concepciones evolutivas fueron atacadas con el argumento de que la clasificación de sociedades en escalas jerárquicas era imposible, ya que cada cultura tiene su propia verdad. Luego se concluyó que no existe una relación necesaria entre las características físicas de los grupos humanos y sus formas culturales. La diversidad de culturas existentes corresponde a la variedad de la historia humana. Cada realidad cultural tiene su lógica interna, que tiene sentido para los individuos que la habitan, ya que es el resultado de su historia y está relacionada con las condiciones materiales de su existencia. A partir de la comprensión de la variedad de procedimientos culturales dentro de los contextos en los que se producen, el estudio de las culturas contribuye a erradicar los prejuicios y fomentar el respeto por la diversidad cultural.

También vale la pena mencionar que las diferencias culturales no solo existen entre sociedades, sino también dentro de una misma sociedad. Basta pensar en la sociedad brasileña, diferentes acentos, clases sociales, etnias, género, religiones, generaciones, escolaridad, orígenes, etc. Es importante tener en cuenta la diversidad cultural interna de nuestra propia sociedad, a fin de comprender mejor el país en el que vivimos.

En el mundo globalizado actual, el estudio de la cultura adquiere características peculiares, debido al desarrollo de la industria cultural y las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento. Por un lado, estamos experimentando un enorme aumento en el intercambio de conocimiento e información entre diferentes sociedades en todo el planeta; por otro lado, se trata de un proceso desigual que puede modificar las formas tradicionales de vivir, producir e identificarse culturalmente.

Bibliografía:

LARAIA, Roque de Barros. Cultura: un concepto antropológico. Río de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 1997 [1986]. 11ª edición.

MARCONI, Marina de Andrade; PRESOTTO, Zelia Maria Neves. Antropología: una introducción; São Paulo: Atlas, 2010. 7ª edición.

SANTOS, José Luiz dos. Que es cultura. São Paulo: Españaiense, 2006. 16ª edición.