Diplomacia Secreta

La diplomacia secreta es el término que se utiliza para referirse a una especie de entendimiento diplomático entre dos o más países practicado intencionalmente en secreto, para encubrir determinadas políticas que sus autores desean que se pongan en práctica.

Estas prácticas generalmente se refieren a actividades que son descaradamente improductivas o incluso perjudiciales para el interés común de todos los pueblos. Utilizado durante la mayor parte de la historia de las relaciones interestatales, alcanzó su punto máximo en el siglo XIX y fue ampliamente utilizado en varios conflictos, con énfasis en el que garantizó la unificación alemana en 1870, donde un sistema de alianzas secretas se combinó con una red de Los rumores fue el arma utilizada por el canciller alemán Otto von Bismarck para lograr la tan esperada reorganización de su país. A pesar de la buena causa simbolizada en la composición de un nuevo estado, la diplomacia secreta empleada en ese episodio, así como en otros, provocó un tremendo malestar en las relaciones entre las naciones involucradas, manteniendo posteriormente a todos los personajes en un clima permanente de conflicto, que solo alcanzaría un final concreto sólo después de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, históricamente, este uso de la diplomacia secreta ha resultado desastroso para muchos países, especialmente para Alemania.

Es precisamente por este entendimiento que la diplomacia secreta se ha librado de forma sistemática desde el final de la Primera Guerra Mundial, que la mayoría de historiadores creen que los acuerdos mantenidos en secreto, así como las alianzas realizadas, han contribuido en gran medida a la escalada del conflicto.

La prueba irrefutable de que la práctica de la diplomacia secreta fue considerada un factor importante en el estallido de la guerra está en los Catorce Puntos propuestos en un discurso pronunciado por el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, en una sesión conjunta del Congreso estadounidense, donde buscaba justificar Los legisladores de la lucha del país en la guerra y también establecen conceptos a seguir en las conversaciones que pondrían un fin formal a la guerra. En el primero de los catorce puntos, Wilson dejó en claro que “la diplomacia debe actuar siempre con franqueza y a la luz del público”. Ciertamente, esa franqueza y la necesidad de dar publicidad a los actos públicos no significa que los acuerdos diplomáticos deban abandonar cualquier forma de secreto, que muchas veces es necesario para el éxito de una determinada negociación. Lo que se busca condenar es la práctica desvergonzada, la actividad lesiva a los intereses de cualquier comunidad, en cualquier momento, en beneficio de los objetivos de unos pocos.

Recientemente, en Estados Unidos se buscó cultivar el término “diplomacia pública” en oposición a la práctica de la diplomacia secreta, que consiste en el conjunto de actividades impulsadas por los gobiernos de cada nación con el fin de influir positivamente en la opinión pública y las organizaciones extranjeras en cuanto a la imagen o la política de sus países. La diplomacia pública se manifiesta hoy, por ejemplo, en las donaciones económicas promovidas a las naciones más pobres oa las organizaciones internacionales de promoción del bienestar, o en el gesto de muchos países de perdonar las deudas de los países menos desarrollados.

Bibliografía:
Tipología diplomática – Diplomacia clásica y moderna. Disponible en: https://woc.uc.pt/fduc/getFile.do?tipo=2&id=2346. Consultado en: 27 de junio. 2011.