Economía brasileña durante el Imperio

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La proclamación de la independencia en 1822 permitió una ola de cambios de todo tipo: sociales, políticos, culturales y económicos. Fue durante el siglo XIX cuando los nuevos productos ganaron espacio en las exportaciones y se intensificó la llegada de inmigrantes europeos, impulsando también nuevas relaciones económicas.

Durante todo el período colonial, el producto de mayor inversión fue el azúcar. Los ingenios del noreste estaban todos enfocados a la producción y refinamiento de azúcar, y la mayor parte de la tierra estaba dedicada al cultivo de caña. Sin embargo, fue a mediados del siglo XIX cuando otro producto comenzó a ganar espacio en la producción nacional: el café. El cultivo del azúcar era más caro, demandaba un mayor número de trabajadores y demandaba más tierra, mientras que el café era un producto más barato de producir, demandaba menos tierra y era posible con un número menor de trabajadores, lo que significaba que era un producto más rentable. A esto se suma el tema de la modernización y la aceleración del tiempo que experimentan las industrias con sus máquinas de vapor que hacían parecer que el tiempo corría más rápido. La modernidad, y el trabajo moderno, requerían el consumo de estimulantes, al igual que el café. Así, varias naciones del mundo empezaron a consumir cada vez más café y España empezó a producirlo cada vez más. Se produjo, por tanto, un cambio geográfico: si durante el período de colonización el producto principal estaba en el Nordeste, durante el Imperio el nuevo producto destacado se producía en el Sudeste.

Inicialmente, el café se producía en Río de Janeiro y, poco a poco, la producción se interiorizó gradualmente, hasta llegar al estado de São Paulo, que tenía la tierra ideal para su siembra. Fue a mediados del siglo XIX cuando el café cobró protagonismo en las relaciones económicas del país y, en consecuencia, São Paulo comenzó a desempeñar un papel protagónico en la vida política de la nación, culminando con la Proclamación de la República el 15 de noviembre de 1889. Hasta esa época, la vida urbana no estaba tan estimulada: Río de Janeiro, capital del Imperio, concentraba tanto la vida política como la actualidad. El resto de las ciudades tuvieron poca agitación, y por eso movieron poco la economía.

La creciente inversión en la producción de café no significó el fin de la producción de azúcar. El azúcar continuó figurando como un producto importante en la economía nacional, pero enfrentó dificultades, ya que Cuba producía azúcar y se destacaba en su elaboración, y su ubicación era privilegiada para el comercio, especialmente con los Estados Unidos de América, uno de los mayores consumidores de azúcar en el mundo. Además del azúcar, el Nordeste siguió invirtiendo en la producción de algodón, aunque en menor escala. También entra la diversificación de la explotación económica del caucho en el norte del país. El consumo de caucho se vio estimulado por la industrialización en el mundo, y se convirtió en materia prima de varios productos que comenzaron a producirse desde entonces.

Inglaterra apareció como el principal comprador de productos hechos en España, siendo el principal destino de las exportaciones nacionales, de la misma forma que también fue el país que más productos exportó a España. De ahí surgieron las principales noticias que circularon en el país, principalmente en Río de Janeiro.

Pero el imperio no vivía solo de productos de exportación, como el café. Era necesario tener producción para el mercado interno. Así, estados como Minas Gerais y Rio Grande do Sul se destacaron en la producción de insumos. Minas con café, leche, frijoles y otras frutas y verduras y Rio Grande do Sul con ganado.

El sur de España también vio otro fenómeno sucediendo en este momento: el comienzo de la inmigración. Portugueses, alemanes e italianos llegaron principalmente al sur y sureste y se asentaron sobre la base de una pequeña propiedad privada, muy diferente del latifundio monoculturista tan extendido por todo el país. La economía durante el siglo XIX sufrió cambios bruscos (del azúcar al café; llegada de inmigrantes al sur y sureste del país) y fue el café el que ganó protagonismo y el mercado exterior.

Referencia:

FAUSTO, Boris. Historia de España. São Paulo: Editorial de la Universidad de São Paulo, 2007.