Enseñanza de la ciencia

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Cuando nos tomamos un momento para reflexionar sobre el método actual de enseñanza de la ciencia en una escuela normal, nos enfrentamos a una realidad sedienta de cambio. El método que se utiliza actualmente en un aula para abordar cuestiones de las ciencias naturales obliga a un creciente desaliento del individuo pensante, ya que lo abandona y se consolida en dos graves errores: el desperdicio recurrente de su naturaleza pensante cuando obliga al alumno a memorizar. una multitud de datos que no se pueden aplicar en tu vida real y la sobrevaloración de una precisión que no existe en la ciencia.

Este primer aspecto, visible en los primeros años de estudio formal, revierte en contra de la naturaleza humana, ya que de ninguna manera estimula la creatividad del alumno y su potencial de innovación y creatividad, cuando se pretende adaptarlo a algo preexistente, ofreciéndole un método consolidado, del que no se puede alejar la posibilidad de encontrarse con el “monstruo” de la reprobación a riesgo de equivocarse. Pero, cuando la búsqueda de alternativas ya existentes se practica demasiado y nunca va a la imaginación y la improvisación en la resolución de problemas, en poco tiempo estas herramientas ya no se podrán cambiar, ya que serán las únicas conocidas por todos y cualquier final. Así, ante un problema científico, no es la capacidad de interpretarlo, de forma lógica y racional, lo que evalúa el educador, sino solo si el alumno tiene la información necesaria para resolverlo.

Así, queda claro que la educación científica se limita a unos pocos conceptos trágicos: el desinterés y consecuente bajo rendimiento colectivo, la desmotivación generalizada de los educadores y su falta de preparación para afrontar el momento social actual, altos índices de reprobación o aprobación. exenciones específicas de criterios bien definidos, la falta de metodologías adoptadas por las escuelas … También se advierte que se trata de un problema de una naturaleza que trasciende las limitaciones físicas de las instituciones educativas, extendiéndose a la formación científica de los docentes en un un carácter que no los convierte en investigadores y los condiciona a aceptar una precisión y un formalismo que desde hace mucho tiempo está desfasado con las ciencias naturales. Esta realidad, de transmitir información puntual y no susceptible de cuestionamientos, cambios y construcciones, desconoce el aspecto social humano actual. Según Thomas Kuhn (1962), un cambio de paradigma en las ciencias se consolida como el punto de partida para enseñar con utilidad, formando sujetos pensantes y cuestionadores, capaces de interactuar positivamente en una sociedad cada vez más compleja y exigente.

Referencias:
KUHN, TS; La estructura de las revoluciones científicas, University of Chicago Press, Chicago, 1962.